EL Castillo

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El Castillo de Monteagudo, que da nombre a nuestro aceite de oliva, fue erigido hace más de mil años y desde entonces domina el valle del Queiles, que se extiende entre las nieves del cercano Moncayo y el Ebro.  Un paisaje salpicado de olivares, viñedos y campos de cereal, los mismos productos que ya cultivaban los romanos en estas tierras hace 2.000 años.  Al ser una fortaleza fronteriza, enclavada en el vértice de Navarra, Aragón y Castilla, ha sufrido incontables asedios y batallas que han obligado a sucesivas reconstrucciones, la última de ellas en el siglo XVIII tras la Guerra de la Sucesión.

Las viejas crónicas nos hablan de la resistencia que la guarnición árabe del castillo opuso a Alfonso el Batallador cuando en la segunda década del siglo XII realizó su victoriosa campaña por ambas márgenes del Ebro: “muy primitivo y casi inexpugnable, hubo de sucumbir ante la razón del más fuerte y el más tenaz”.

El Castillo de Monteagudo fue testigo de importantes acontecimientos históricos, como la firma del tratado de paz y asistencia mutua entre el rey Teobaldo II de Navarra y Jaime I de Aragón.

Los reyes de Navarra donaron en 1429 el Castillo y el Señorío de Monteagudo a mosén Florestán de Agramont por los servicios que había prestado a la reina “tanto en Navarra como en Sicilia, en Castilla y en otras partes del mundo”. Desde entonces ha permanecido en la familia, pasando por herencia sucesivamente a los Beaumont, Magallón -marqueses de San Adrián desde el siglo XVII- y Sanz Magallón.

Con la incorporación de Navarra a Castilla y la unión de los reinos peninsulares la importancia estratégica de Monteagudo como enclave fronterizo disminuyó.   No obstante, durante la Guerra de la Sucesión (1701-1713) recobró su uso militar, al ser Navarra partidaria de Felipe V mientras que la vecina Aragón abrazaba la causa del archiduque Carlos de Austria. Al terminar la guerra las incursiones de los aragoneses lo habían dejado en estado ruinoso y completamente inhabitable.

Durante las siguientes décadas el castillo fue utilizado principalmente como almacén y granero, hasta que en 1760 el IV marqués de San Adrián decide reconstruirlo, para lo que solicita un crédito de 5,000 ducados y contrata a Josef Marzal, el arquitecto más prestigioso de la zona.  El castillo es demolido casi por entero y se edifica en su lugar el actual palacio de estilo barroco, muy característico de la Ribera de Navarra.

A finales del XX el castillo-palacio el XIV marqués de San Adrián, José Luis Sanz-Magallon, arquitecto y pintor, lo restaura de nuevo.  El actual edificio conserva algunos elementos del castillo primitivo, entre otros la portada de piedra y el aljibe, y es sede de la Fundación Castillo de Monteagudo.

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