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Nuestra familia lleva elaborando aceite de oliva en la Ribera de Navarra desde 1429, cuando los reyes de Navarra hicieron merced del señorío de Monteagudo a mosén Floristán de Agramont.

Durante estos seiscientos años se han sucedido dieciséis generaciones de la familia. Cada una de ellas ha sabido adaptarse a su tiempo y, construyendo sobre el respeto a la tradición familiar, ha utilizado las técnicas y conocimientos científicos más avanzados de cada momento para modernizar la explotación, haciéndola más eficiente y obteniendo los mejores aceites posibles.

El archivo familiar conserva numerosas noticias acerca de los olivares de Monteagudo y sus vicisitudes.  Desde el primer momento se concedió gran importancia al cultivo del olivo y se fueron haciendo adiciones a las tierras originales del señorío.  Por ejemplo, en 1593 se adquiere un olivar por la elevada suma de 23 ducados.

En 1709, tras la guerra de la Sucesión los campos quedan asolados y la familia casi arruinada, por lo que Francisco Magallón, marqués de San Adrián y decimosexto señor de Monteagudo, inicia un ambicioso programa de reconstrucción y replanta olivares en las tierras más propicias. Durante el siglo XVIII este mismo Francisco Magallón y su hijo José María se convierten en los principales impulsores de la Ilustración en Navarra y fundan la Real Sociedad Económica Tudelana, que dedicó sus esfuerzos a la modernización agrícola e industrial de Navarra.   Uno de los informes que la Sociedad presentó fue precisamente sobre las mejoras a introducir en el cultivo del olivo y la elaboración de los aceites.

El siguiente marqués de San Adrián, José María Magallón y Armendáriz, conocido por el magnífico retrato que le pintó Goya conservado en el Museo de Navarra, continuó la política de invertir en la plantación o compra de olivares y en la modernización de las almazaras.

En 1850 nuestra familia tiene en Monteagudo 450 robadas de olivar -unas 40 Has- y el aceite supone el 50% de sus rentas en esa localidad. Nuestro aceite es reconocido por su calidad y en 1857 obtiene la medalla de bronce en la Exposición de Productos Agrícolas de Madrid.

En la segunda mitad del siglo XIX se amplía nuevamente la almazara de Monteagudo con la instalación de una novedosa prensa de husillo de fundición, que en 1886 se sustituiría por una prensa hidráulica que estaría en funcionamiento hasta principios del siguiente siglo.

Durante esos años nuestro aceite de oliva siguió obteniendo premios en diferentes exposiciones en España, y en 1893 llegó a obtener un diploma del Congreso de los Estados Unidos, en el marco de la Exposición Internacional de Chicago, por su “fino sabor y aroma afrutado”.

En 1920 se construye una nueva almazara, que funcionará a pleno rendimiento hasta que varios fríos inviernos en la década de 1950 dañaron muchos de los olivos de la zona.  En esa época muchos de los olivares se sustituyen por otros cultivos y en Monteagudo decae la producción de aceite.

A finales del siglo XX, aprovechando las condiciones idóneas de clima y tierra cobra nuevo impulso el olivar y se realizan nuevas plantaciones en Monteagudo, utilizando modernos sistemas de cultivo.  Hoy en día la actual generación de los marqueses de San Adrián continúa la tradición olivarera familiar, que combina con la más tecnología más avanzada para elaborar, con aceitunas arbequinas procedentes de sus mejores fincas, el aceite de oliva virgen extra “Castillo de Monteagudo”.

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