Nuestra tierra

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Nuestros olivares se encuentran en el valle del Queiles,  en el término de Monteagudo, al sur de Navarra, vértice con Aragón, Castilla y La Rioja. Se trata de un terreno delimitado por el Moncayo con sus 2314 metros de altura, el río Ebro y su fértil Ribera y las Bardenas Reales, un paraje semidesértico. Disponemos de 50 hectáreas de las variedades Arbequina y Arróniz, distribuidas en ocho fincas situadas a 400 metros sobre el nivel del mar con unos suelos y clima que nos permiten producir aceites de oliva virgen extra de máxima calidad y gran personalidad.

Nuestros olivares se asientan en terrenos franco-arenosos, con ph neutros y ricos en nutrientes como nitrógeno, fósforo, potasio y calcio. Como la tierra contiene muchos de los nutrientes necesarios para los olivos, se reduce la necesidad de fertilizantes.

El clima es también idóneo. Los inviernos son fríos y los veranos secos y calurosos.  Las diferencias térmicas entre el día y la noche, y entre el invierno y el verano, son fundamentales para que el olivo se desarrolle correctamente y para potenciar los aromas de su fruto.  Además el cierzo, fuerte viento del norte imperante en la zona – un 40% de los días soplan vientos de más de 20 kms/h – airea las plantas y previene las plagas.

La zona regable del río Queiles es una de las más antiguas y complejas de toda la cuenca del Ebro. Los agricultores, desde fechas muy remotas, construyeron largas acequias con toma directa del río, que fueron intercomunicando entre sí a través de derivaciones.Este complejo y antiquísimo sistema nos permite aprovechar el agua procedente del Moncayo para riegos de apoyo cuando son necesarios.

Por último, una tradición olivarera de más de 2.000 años aporta una sabiduría natural a los agricultores para obtener los mejores frutos. La tradición se combina con procesos y tecnologías de vanguardia que se han implantado en las almazaras en los últimos años y que nos permiten elaborar un aceite de oliva virgen extra conservando todo el sabor, aroma y las propiedades de las aceitunas.

“Oleum fert memoria terrae”: el aceite de oliva lleva dentro de sí la memoria de la tierra.   El aceite de oliva virgen extra Castillo de Monteagudo lleva dentro la memoria de nuestra tierra, oreada por el cierzo y regada con las frías aguas que vierten desde el Moncayo.

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